El Sindicato de Trabajadores Caninos (STC) volvió a poner en agenda pública su proyecto de ley para crear un régimen laboral específico para el sector canino, presentado en el Congreso en 2024 y actualmente en riesgo de perder estado parlamentario. La iniciativa apunta a formalizar una actividad en fuerte expansión que hoy se desarrolla, en su mayoría, en la informalidad.
Según estimaciones del sindicato, en Argentina existen alrededor de 100.000 trabajadores caninos —paseadores, peluqueros, adiestradores y auxiliares— y más de 20 millones de animales de compañía. Solo en la Ciudad de Buenos Aires se calcula que hay unos 5.000 paseadores. A pesar de esas cifras, el sector carece de un marco legal propio que garantice derechos laborales básicos.
El secretario general del STC, Matías Tomsich, explicó que el proyecto surge de un proceso de organización iniciado en 2013 y que hoy cobra mayor urgencia frente a una reforma laboral en marcha que, según advierte, no contempla a los trabajadores del siglo XXI. “Estamos a favor de una reforma laboral, pero de una que incorpore a todos los que hoy estamos afuera”, señaló en declaraciones al medio Política Argentina.
Los ejes del proyecto
La propuesta legislativa se estructura en cuatro pilares centrales:
- Derechos laborales: salario mínimo, vacaciones pagas, licencias, cobertura por accidentes de trabajo, aportes previsionales, jubilación y paritarias.
- Institucionalidad: creación de un Registro Nacional de Trabajadores Caninos y una Comisión Nacional de Trabajo Canino integrada por el Estado, los trabajadores y los tutores.
- Bienestar animal: regulación y capacitación obligatoria para garantizar paseos y cuidados responsables.
- Impacto fiscal positivo: el sindicato estima que la formalización permitiría al Estado recaudar más de $7.000 millones, a partir de los aportes de los trabajadores hoy no registrados.
Tomsich subrayó que la profesionalización no solo protege a quienes trabajan en el rubro, sino también a los tutores: “Hoy no hay forma de saber si una persona está capacitada, si tiene denuncias por maltrato o si cumple condiciones mínimas de seguridad”.
Salud laboral y envejecimiento en la informalidad
Desde el STC advierten además sobre los riesgos laborales del sector, estudiados junto al CONICET y la UMET: enfermedades zoonóticas, afecciones respiratorias por el pelo canino, desgaste físico por caminatas extensas y uso continuo del cinturón paseador. En ese contexto, remarcan que muchas personas mayores de 60 años continúan trabajando sin cobertura ni jubilación, en un escenario agravado por el fin de la moratoria previsional.
Estado parlamentario
El proyecto cuenta con el acompañamiento de legisladores de Unión por la Patria, entre ellos el diputado cordobés Pablo Carro, quien respaldó la iniciativa al señalar que se trata de trabajadores que hoy no realizan aportes ni cuentan con obra social, derechos que deberían estar garantizados para cualquier persona en Argentina.
Si la propuesta no avanza en la Comisión de Trabajo antes de fin de año, perderá estado parlamentario. Desde el sindicato anticiparon que, de ser necesario, volverán a presentarla.
Un sector que sigue creciendo
El STC vincula el crecimiento del trabajo canino con cambios sociales profundos, acelerados tras la pandemia: el aumento de animales de compañía, la consolidación de las familias multiespecie y la expansión del trabajo informal o por cuenta propia. Como ejemplo, Tomsich recordó que más de 800 personas se inscribieron en el curso de paseadores que el sindicato dicta junto a la Facultad de Veterinaria de la UBA para apenas 30 cupos.
“El reclamo es trabajar de lo que queremos, pero con derechos laborales”, concluyó. Para el sindicato, la discusión excede al sector canino y plantea un debate más amplio sobre cómo incorporar a la formalidad a nuevas actividades que ya son parte estructural de la economía urbana.